27 abr 2018



Encuentro de Bibliotecas Populares (22 Abril 2018)
Tal como estaba planificado comenzó el Desayuno y la bienvenida, con la inscripción y recepción de carpeta, por parte de los representantes de las siguientes organizaciones:
Biblioteca Centro Cultural y Medioambiental Ceibo (Maipú)
Biblioteca Pedro Mariqueo (La Victoria)
Biblioteca Popular Venezuela (Recoleta)
Biblioteca Popular Rayen (Maipú)
Editorial Quimantu
Añadir leyenda
Luego se realizó una experiencia sensorial y narración de cuento para dar paso a la editorial Quimantu (2002) Entregando conceptos como “El libro no es una mercancía” Latino América desde abajo, “Libros en movimiento; movimientos que se hacen libros. “Yo me libro” (2008) Feria Popular realizada también en la comuna de Maipú el 20 de Mayo 2017.
Esto originó reflexivos comentarios como: “El verdadero libro somos nosotros”. “El libro es una transmisión”. Cartoneras… analfabetismo… “Leer el mundo (Paulo Freire) “El libro se vuelve una imagen”.
Posterior al mensaje de la bibliotecaria y una de las fundadoras de la Biblioteca Popular Rayen, se destacó la lectura en piedra, papel o electrónico… el saqueo de la memoria… el inicio de las bibliotecas populares a comienzo del siglo XX… el memorial considerado como libro abierto hacia la comunidad.
Intervino entonces el que fuera trabajador de la antigua quimantu (sol del saber) quien mencionó la creación de la editorial como parte de las 40 medidas prometidas por el gobierno de Salvador Allende y cumplidas al expropiar la antigua zig-zag. Publicó libros a bajo precio y en gran cantidad. Llegó a tener un personal de 400 trabajadores aproximadamente, funcionando hasta el momento del golpe de estado (1973) que dio pasó entre otras medidas, a la quema de libros. Pasó a llamarse editorial Gabriela Mistral.



El conversatorio “Qué, porqué y para qué de las Bibliotecas Populares”, realizado al exterior y bañado por los rayos del sol, contuvo las experiencias de los asistentes, quienes se extendieron en documentado diálogo, sintetizado luego en seis propuestas para que se potencien.
1.- Contar con personas interesadas en su creación y funcionamiento.
2.- Aspirar y conseguir un espacio físico propio.
3.- Realizar múltiples actividades de extensión.
4.- Crear y mantener red de apoyo.
5.- Poseer horario accesible, constante y que se cumpla.
6.- Aspirar a un mayor número de usuarios.
Esto dio paso al “Almuerzo Comunitario” que posibilitó el fortalecimiento de los nexos para futuras actividades conjuntas y el intercambio permanente de experiencias.  

bibliotecapopularrayen@gmail.com    



3 abr 2018

Sobre un reciente caso de voluntariado en Cuba

El sábado 17 de marzo en el Centro Cultural Rayen se realizó el conversatorio “Viaje al mito y la leyenda”, el cual giró en torno al viaje realizado por algunas compañeras y compañeros de dicho espacio a la República de Cuba afines de enero, junto a la XXV Brigada Suramericana de Solidaridad con Cuba.

Tras la jornada de trabajo voluntario, la brigada regresa al Campamento.

A modo de síntesis preliminar

Encontrándose alojada en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella (CIJAM), ubicado en Caimito, la XXV Brigada Sudamericana (1), integrada por personas provenientes de Chile, Argentina y Brasil, así como una representante de Uruguay, tuvo la posibilidad de ofrecer un voluntariado en la Isla por alrededor de una semana. Pudo además visitar sitios históricos en Artemisa, La Habana, Villa Clara, Santiago de Cuba y Granma, participando así de diversas instancias tales como el Desfile de las Antorchas en homenaje a José Martí, un tributo al Che, un tributo de recordación a Fidel, un Encuentro de Solidaridad, una visita al espacio “En Nombre de la Paz” y por último, un acto oficial de clausura en Bayamo. 

Durante la afectuosa bienvenida a la brigada, Elio Gámez Neyra, vicepresidente primero del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), valoró el tiempo de vacaciones sacrificado, el esfuerzo económico realizado para la experiencia, con motivo de conocer directamente la realidad, compartir con la población y aportar trabajo voluntario en la agricultura de la Isla. Del mismo modo se refirió al irrestricto apoyo por parte de Cuba  a las causas palestina, saharaui y venezolana.

Como señalábamos al principio, lo anterior fue expuesto en el Centro Cultural Rayen, durante el conversatorio “Viaje al mito y la leyenda”, instancia fecunda de nuevos saberes y sentires que hicieron vibrar las inmediaciones del espacio. Diversas anécdotas fueron relatadas, muchas de las cuales no era fácil concebir desde la realidad local, o que en su defecto, significaban todo un esfuerzo a la hora de encontrar las palabras precisas para ser expresadas. Paralelamente a los relatos se exhibió un registro fotográfico y, por último, hubo un diálogo entre los recién llegados y quienes se encontraban ansiosos por conocer más de tan atractiva experiencia. Todo esto no podría haberse realizado sin la abundante comida compartida y preparada especialmente para la ocasión, distintivo del afecto que habitualmente se transmite desde el centro cultural.


El viaje en retrospectiva

Cuba supone un gran número de interrogantes. Como es sabido, desde nuestra latitud éstas suelen obedecen a los más absurdos prejuicios. El motivo es claro: independientemente de sí se está a favor o no de la Isla y su revolución, es innegable su influencia para Nuestra América. Zibechi afirma que está significó un sacudón gigantesco para la región, tanto para los sectores populares como para la juventud de las clases medias, pero también para las oligarquías y las burguesías criollas, que por primera vez en mucho tiempo contemplaron, con estupor y temor, la fiesta de los desposeídos: la reforma agraria y la nacionalización de las grandes empresas, así como la dignificación de los trabajadores, los campesinos y los pobres en general (2). 

Pero, conclusiones aparte, aquí sólo nos remitiremos lo tratado durante el conversatorio, así como lo discutido posteriormente con nuestros compañeros de ruta tras su experiencia directa en Cuba, y por supuesto, a nuestras propias inquietudes. Señalamos de antemano que muchas de las anécdotas vividas en la Isla estarán insertas en la infografía del registro fotográfico. Hemos decidido adjuntar también dos cartas, debido a que expresan por sí solas, los hallazgos e incertidumbres ante semejante vivencia.

Al comienzo nos referimos a diversas instancias conmemorativas que coincidieron con el paso de la Brigada Sudamericana por la Isla. Sabemos que, aunque Cuba sea indisociable de figuras imperecederas tales como Martí, Fidel o el Che, no es menos cierto que muchas veces nos enfrentamos a una exacerbada mistificación de las mismas en el ámbito local, divorciándolas de su relación con la historia y lo que es más grave aún, de su lugar en el seno del pueblo, lo que tarde o temprano nos hace restarle valor a este último, del que sin su esfuerzo, fe y dinamismo, nada podría haberse realizado, ni menos aún, perdurado hasta hoy. 

No es menor que una de las últimas voluntades de Fidel haya sido que tras su muerte, su nombre y figura nunca fuese utilizado para denominar instituciones o lugares. Las páginas sobre éste, sean estudios, rumores o controversias, han colmado nuestras discusiones y comúnmente suelen tener un lugar en nuestra biblioteca. Lo han hecho desde antes de su muerte física. Pero es groseramente poco lo que sabemos del pueblo de Cuba, aquel multitudinario protagonista anónimo, sostén de la Revolución.

Es cuestión de preguntarnos qué es lo que conocemos acerca de la iniciativa popular durante los primeros años de la Revolución. Hubo allí un enorme despliegue de voluntad, creatividad y producción autogestiva, la que mostrándose infatigable en un momento, vio reducido su alcance durante el patrocinio soviético, sólo para reaparecer con mayor envergadura durante los primeros años del “período especial en tiempos de paz”. Al respecto, estamos al corriente de la existencia del libro “Con nuestros propios esfuerzos” (3), publicado en 1992 por la Editora Verde Olivo, la cual se encargó de compilar distintas iniciativas implementadas por el propio pueblo cubano para enfrentar las dificultades casi indescriptibles de dicho período. Es más, dicho libro habría sido una suerte de respuesta a “El libro de la familia”, el cual contenía instructivos formulados  por el propio Estado cubano para su pronta asimilación. Con todo, desconocemos en profundidad el devenir de dicha tentativa. Sí sabemos que fue tan sólo una entre tantas que ha habido en suelo cubano.

De ahí que sea tan importante conocer experiencias de primera mano, sean éstas del propio pueblo cubano, como la expuesta en Con nuestros propios esfuerzos, sean de quienes lo conocen desde nuestro rincón en el mundo, como es el caso de nuestros compatriotas presentes en la Brigada Sudamericana. 

Pues en el ámbito local existe un amplio desconocimiento no sólo de Cuba, sino que además de la solidaridad de su pueblo con el nuestro, y por tanto, es poca la retribución que suele ofrecerse, algo a lo menos paradójico si tomamos en cuenta los ejemplos de ayuda en su haber. Por citar sólo un caso entre tantos: durante la Unidad Popular una centena de chilenos viajó a la isla con la finalidad de estudiar gratuitamente medicina para luego volver a Chile y así aportar en los hospitales públicos. Tras el golpe de Estado de 1973, los cubanos no tardaron en consultar al contingente de jóvenes chilenos residentes en la Isla la razón de porque estudiaban y no estaban peleando (4).

Fue así como, convencidos por el propio Fidel Castro, que muchos dejaron sus estudios universitarios y se incorporaron a la carrera militar, sirviendo posteriormente en la Revolución Sandinista en Nicaragua, para luego arribar de regreso al país e incorporarse a la lucha contra la dictadura. La formación universitaria gratuita o la instrucción militar en algún momento, son tan sólo dos entre las múltiples formas que Revolución Cubana se ha encargado de extender la solidaridad con nuestro país y el mundo.

A través de conversaciones espontáneas sostenidas con pobladores de la Isla, la brigada supo cómo tras el golpe de Estado en Chile, diversas familias cubanas cedieron sus casas a familias chilenas residentes en la Isla, para las que se hacía prácticamente imposible su regreso al país.

Por otro lado y según se pudo constatar en el mismo diálogo, existe una relación particular entre Cuba y Chile. El acento del grupo chileno les hacía volverse hacia quienes lo conformaban, ante quienes aprovechaban de consultarles sobre el país. El punto de inicio solía ser mítica visita de Fidel a Chile durante la Unidad Popular, una de las más extensas del líder cubano.

Aunque Allende haya expresó en algún momento que Fidel representaba a una auténtica revolución y manifestado su deseo de intensificar los lazos entre ambos países, lo cierto es que la diferencia entre ambos procesos socialistas era remarcada. El primero había optado por la táctica electoral, el apego a la institucionalidad vigente y la pluralidad de partidos, la denominada “vía chilena hacia el socialismo”, mientras que el segundo era el máximo representante de la vía armada en Nuestra América, de modo que sus incendiarios discursos no tardaron en incomodar al presidente chileno. 

Fidel, al tanto de la molestia en la dirigencia de la Unidad Popular, aprovechó su último discurso (5) para referirse a ciertas contradicciones del proceso chileno, las que se tornaron fatídicas como sabemos. “Hemos tenido la oportunidad de aprender y de ver al fascismo en acción. Y sinceramente creemos que no habrá nada que pueda enseñarnos tanto como esta visita” señaló. Asimismo, también consultó al efervescente público presente: “¿Quiénes aprenderán más rápidamente en este proceso? ¿El pueblo o los enemigos del pueblo?” “¿Y están ustedes completamente seguros, ustedes que son protagonistas, que son actores de esta página que escribe su patria; están completamente seguros de que ustedes han aprendido más que sus explotadores? Permítanme entonces discrepar en este caso no del Presidente sino de la masa”. A pesar de lectura positiva que hacían los asistentes frente a las interrogantes del proceso en curso, Fidel, con su suspicacia, se anticipaba a los hechos.

Por otro lado, era en las mismas conversaciones espontaneas con pobladores cubanos que éstos no sólo demostraban un profundo conocimiento de la historia del país, sino que además del continente y, en definitiva, con el Tercer Mundo. Seguían con atención el transcurso de los distintos gobiernos de América Latina.

Hay que subrayar que su conciencia de la historia cubana tenía expresaba tanto las continuidades y rupturas de la misma. Nos referimos por ejemplo a las Guerras de Independencia de Cuba: la primera (1895-1898) y la segunda (1956-1958). Cuando Martí, organizador de la primera, anuncia su concepción de “segunda independencia”, no hacía referencia sólo a Cuba, sino que también a toda América Latina, “Nuestra América”, cómo también él mismo acuño. Desde entonces ha habido hasta hoy varios intentos por llevarla a cabo. En primer lugar, la Revolución Mexicana; el proceso nacionalista de Guatemala desarrollado entre 1944 y 1954, que aplastado por una invasión mercenaria enviada por EE. UU, hospedaba a un joven médico dispuesto a tomar las armas: Ernesto “Che” Guevara. Consideramos esto un antecedente directo de la Revolución Cubana, de modo que la “Segunda Independencia” se habría realizado en las propias tierras del apóstol (6).

La extraordinaria obra de Martí —sea en su condición literaria o militante— le valió ser considerado “maestro” por Rubén Darío, “supremo varón literario”, para Alfonso Reyes, “el hombre más puro de la raza”, por Gabriela Mistral, así como el “faro que mejor nos guía” para Ezequiel Martínez Estrada. No obstante, es la concepción de “apóstol” la que más llamó la atención de la colectividad chilena.

Había cierta religiosidad en las relaciones de Cuba. No era allí difícil encontrarse con la seguridad, el afecto, el respeto y la solemnidad. La sociedad cubana fue catalogada como ecuménica por la brigada. Había pues, un misticismo a flor de piel, de modo tal que el haber estado allí, significó una suerte de proceso de desintoxicación del neoliberalismo tan enquistado en nuestra sociedad, la misma que le sirvió de laboratorio desde 1973.

A modo de cierre, no negamos que hoy en día las difíciles condiciones impuestas a Cuba le haya llevado por entre otros aspectos, a tomar el turismo como área fundamental de su economía, y que por tanto el desarrollo de dicha rama le obligue continuamente a enfocarse en mostrar únicamente lo pasado, lo bello o lo satisfactorio para el turista. Pero hay que tomar en cuenta en primer lugar que, aunque se expongan las situaciones concretas más dificultosas, probablemente, un turista probablemente estará lejos de prestarle atención. En segundo lugar, también recalcamos que siendo parte de una sociedad que nos ha criado en el más desequilibrado consumismo, no nos será fácil asimilar, más todavía desde nuestro rincón en el mundo, el cómo ha afectado el bloqueo al desarrollo de Cuba. Como sostiene el Che: “no se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad” (7). Esto último, según constató el grupo chileno de la XXV Brigada Sudamericana, se ha consumado, aunque no del todo, pues en palabras de los propios cubanos, “la revolución no sigue sino en construcción”.

Intercambio epistolar tras la experiencia

Tras la exposición fotográfica, se procedió a la lectura de dos cartas. En primer lugar, la de Fernando, trasandino que compartió intensamente con la brigada chilena la experiencia. La reproduciremos a continuación:

Buenos Aires, 16 de marzo de 2018

Queridas amigas y amigos…. ¡No! ¡Hermanas y hermanos!:

Junto con saludarles y felicitarles por la iniciativa que tuvieron de reunirse para seguir este viaje que a muchos les continúa dando sensaciones de alegría, de anhelo de volver a estar juntos y nostalgia infinita de lo sucedido. Quiero compartir con ustedes unas palabras, no exactamente de mi experiencia, ya que ustedes van a poder realizar de mejor forma aquello. Sino de mi reflexión de aquella experiencia para un pos, las cuales, son muchas e intensas. Pero intentaré ser breve y no menos exaltado. Pido mil disculpas por lo mal educado.

Antes de empezar no puedo dejar de pasar por alto el nombre que le colocaron a la reunión de hoy. Me sabrán o no disculpar, pero Mito y Leyenda ya fueron en su época cartas top. Ahora estamos en otra cosa mariposa. No, es un chiste. Pero de verdad es curioso que hayan utilizado esos términos tan cargados de simbolismo para algo tan concreto. No sé si tenemos interiorizado  lo que significan esos términos. Si mito y leyenda, lo están utilizando en términos de la  categorización griega que quiere decir: hablar de algo irreal y transformarlo en real, o sea, del mito al logos (razón). O si lo entienden y lo están utilizando en términos hermenéuticos, donde el mito es un tipo racional de interpretación del entorno real, donde la razón necesita descubrir el sentido y el significado de lo universal. Se los dejo como una duda compas, ¡y disculpen por ser tan rompe pelotas en eso!

Volvamos. Sé que el viaje a Cuba para muchos, me incluyo, fue una catarsis o un clivaje. Sabemos también que eso ya termino y que es hora de volver a lo de antes, pero ese antes ya no puede ser como era, ya que la realidad sigue siendo en sí la misma, pero en sus términos, cambió nuestra forma de ver el mundo. Para bien o para mal. Cambió en cómo se sienten las cosas y en cómo se ven. En cómo se experimentan y en cómo se presentan antes los ojos que han cambiado de color. 

Mi experiencia por Cuba, marcó un antes y un después, en lo que sentía y en lo que pensaba. No como un movimiento telúrico que cambia el entorno de la realidad geográfica, sino como un reforzamiento a lo que ya estaba ahí presente, en forma de compromiso y voluntad, y que el tiempo lo envolvió amablemente en torbellinos de coral. Fue la experiencia más extraña y fantástica que me haya ocurrido. El conocer de primera mano, esa realidad que en antaño era sólo virtual, imaginada, conversada y oída, por la casualidad del susurro momentáneo. Pero ahora puedo, al igual que todos ustedes, reafirmar esas ideas que estaban ahí y que nunca claudicaron.

La visita a esa pequeña e insular isla, lleva el peso de un cargamento colosal, que nosotros, como brigadistas, tenemos que aprender a distribuir, como un patrimonio simbólico, como una llama, que no quema, pero que calienta y disputa parte del poder en la arena de lo político-social, de donde nos toque estar. Este compartir que tenemos en los hombros, en forma de esperanza, tiene que ser la huella de una luz que ilumine los entornos de nuestro hogar. Para que así, se contagien nuestros barrios o ciudades, ya que si no cambiamos la manera de pensar de nosotros mismo, va a ser muy difícil cambiar la manera de pensar de la gente, por lo tanto, va hacer prácticamente imposible algún tipo de transformación. Sí realmente estamos en eso, de transformar. Pero mi pregunta es ¿Qué hacemos ahora? ¿Qué se espera de nosotros? Pues mucho, y no podemos hacernos los desentendidos. Tenemos una verdad que brama…

Hacer contra-hegemonía o política, es complicado, es montar sobre muchas contradicciones. Y tenemos una tarea. Una de ellas es cómo llegar al sentido común de la gente, cómo crear una objetividad que enganche con su subjetividad, y contarles sobre la realidad cubana, por ejemplo: de cómo funciona; cuál ha sido su recorrido; cómo se formó; por qué se le llama democracia y no dictadura; o qué tipo de democracia es; etc. Para todo esto, tenemos que repensar lo ya pensado, no desde lo que nos han mostrado, los medios de comunicación que des-comunican al comunicado. Sino desde la duda de lo que está ahí, al frente de nosotros ¿Pero cómo hacerlo? Con una recuperación de lo arrancado, con una reconstrucción de lo roto. O sea, desde abajo, como ahora lo estamos haciendo.

Las palabras, en estos momentos inventan la realidad. Es cosa de escuchar primero y de ver después lo que sucede en el entorno donde nos encontramos. El mundo lo construimos con palabras, por lo tanto, es la condición performativa del lenguaje en la vida de todos. Por ejemplo, si estas en Colombia y te tachan como dirigente campesino, ya te tienen sentenciado a muerte con los para-militares, ya que antes de desaparecerte físicamente, te han asesinado con la palabra. O si llegas a una aduana con un bolso lleno de libros, y te preguntan “Por qué tantos libros”, y vos, con una maldad, que se equipara sólo con el ego de Peter Pan, le contestás o le disparás “Y porque acá son todos gorilas ¡no se da cuenta!”. Tenemos que pelear contra esa construcción de la realidad y lo que realmente pasa ahí. Pero para eso tenemos que armarnos de herramientas. Y mi llamado en estos momentos, es tener siempre en mente, que lo que dialoguemos, que lo que conversemos, se presente siempre en forma de una contra-cultura de lo que existe. Siempre interpelando al sentido común, a lo ya dado, a lo que supuestamente es normal ¿Pero qué es lo normal? ¿Existe lo normal como natural o también es una construcción? ¿Construcción de quién?

Cambiarle el nombre a las cosas es cambiar la realidad, y es revolucionario. Pero para eso hay que salirse de las propias categorías que utilizamos para poder así entenderlas y mirarlas. Hay que pensar el pensamiento, y sé que es complicado, pero no hay mayor alivio que encontrar la verdad en las cosas. Hay que plantearse, ya conociendo la realidad cubana, y claro, profundizando en nuestros estudios, el preguntarse, por ejemplo, tan sencillamente: qué es la democracia, qué es el ser humano, qué es la naturaleza, que es la patria, que es el amor.

Cuando uno aprende, cuando uno conoce, sabe que la verdad es más fuerte que uno mismo, porque la verdad nos trasciende en nuestra condición de animales finitos en un mundo que por ahora es infinitos, pero que ya lleva un buen tiempo gritando. La verdad nos hace libres, porque es más grande que nosotros mismos. Decía Hegel, que amar es dejar de ser para ser más. Uno deja de ser un yo, para ser los otros, por lo tanto, cuando te mueres, nunca vas a desaparecer del corazón de los demás, porque multiplicaste ese yo en otros. Por eso que las verdades te invitan a pelear incluso batallas que son escenarios dantescos de decepciones. Pero ojo, las batallas que se pierden, son las que no se dan. Y nosotros no podemos darnos el gusto de hacer eso. Cargamos con una verdad. Por eso, que esa gente como Espartaco, como Fidel y el Che, que se echaron al monte sin saber si iban a triunfar, los convocó algo más fuerte que ellos mismos. 

Por lo tanto, lo que les propongo como ejercicio pedagógico, es intentar mirar nuestra realidad con ojos cubanos, con ojos de esperanza. Pero también con ojos de nuestro contexto, con ojos pesimistas. Con ojos, como los de los nenes del preuniversitario, que nos quitaron el suelo para incomodarnos. Más de uno se sintió con la garganta seca y avergonzado por no poder contestarles en sus términos, ya que su realidad nos llama a la discusión. Esta discusión tiene que ser primero, para entender lo que sucede y entendernos nosotros, para sacar esos velos que nos impiden ver la realidad; segundo, que el compartir que hagamos, tenga como fin, desmitificar nuestra subjetividad, lo que conocemos o lo que creemos conocer; y tercero, que de la discusión, salgan propuestas que choquen y planteen formas de praxis en el hábitat donde trabajamos o nos desenvolvemos. 

Me disculparan por todo éste enroscamiento que les estoy arrojando sobre sus cabezas, pero en momentos como estos, donde peligran los avances que se produjeron en América Latina de mano de gobiernos progresistas. No podemos darnos el lujo de mirar hacia otro lado, no jugamos la democracia en estos momentos. 

Ayer aprendimos escuchando y mirando. Hoy nos toca el trabajo más duro, que es hablar. Pero no hablar de lo lindo que fue conocer lugares, sino, de lo que fue encontrarse con ese espejo de dignidad que ha soportado los avatares de la tragedia, de lo mezquino y lo cobarde que es el cinismo estructural del poder. Por lo tanto, tenemos que hacer conciencia crítica a ese cariño que nos entregaron las hermanas y hermanos cubanos, en el reflejo de lo que ahora nos toca hacer que es Dialogar.

Decía Jesús Ibáñez que “cualquier revolución es ante todo una gran conversación”. ¡Los invito a conversar!

Nos vemos. ¡Besos, abrazos y un puño en alto!

Fernando.


En segundo lugar, fue leída la carta redactada por el propio grupo chileno presente en la XXV Brigada Sudamericana. La reproduciremos a continuación:


A modo epistolar: Tu poema y el mío

Martes, 20 de febrero de 2018

Compañeras y compañeros del CIJAM, sea esta la manera de retribuir mínimamente las atenciones recibidas por nuestra Brigada Solidaria en su estadía en Caimito. A modo epistolar, esperando reanudar un diálogo iniciado antes de conocernos de modo presencial. Es que es conveniente citar y actualizar la plena vigencia de sus acciones en el ánimo universal de los pueblos en lucha. En el esfuerzo de intentar no particularizar las reflexiones, pretendo pluralizar las expresiones recogidas.

Con el deseo postergado latiendo en la piel, hemos viajado voluntarios y solidarios hasta lo más insular del mito y la leyenda vivientes. A la provincia limpia de mercadeo humano. Donde nos espera la voz que invita a leer...  la invitación no es a creer; es a leer. Superar anécdotas, construir idearios y desarrollar las ideas.

El mito y la leyenda surgen cuando el asombro anida en Pueblos con su preñez de victorias. Eclosiona en historia épica, liderada por mujeres y hombres en estrecha colaboración.

Un espiral de hitos epopéyicos enlazados en el tiempo; único territorio inevitable y verdadero, extendiéndose para ser reelaborado, analizado, referenciándolo pedagógico y familiar. 

En nuestra región interior, encantada por relatos absolutos, con ogros, hechizos, ausencias, extravíos y amenazas, aprendimos que para reunirnos con príncipes o princesas en peligro y  protagonizar un final feliz, era y es necesario no mirar a los costados, evitando caer en esas seductoras tentaciones; sobrepasando amenazas que toman formas sólo en nuestros pensamientos. 

Nuestro norte está al sur del imperio agresor. Así, vamos aprendiendo a recibir cada día, para resistir. Así nos habla la leyenda de su liderazgo viajando en el territorio inevitable, a un tiempo futuro para regresar con el aprendizaje y compartirlo con su Pueblo.

Sintetizo en la visita efectuada al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Silberto Álvarez Aroche con su eco majestuoso ante la pregunta, a modo de respuesta, efectuada por uno de los estudiantes: “¿Qué hacen ustedes que no anhelan esto y cambian su realidad?”

Es una importante tarea para  afrontar en el tiempo. Al menos yo, acepto el desafío... Cierro este primer intercambio, esperando respuestas, con el estruendoso cierre colectivo en las voces de los jóvenes: “Sólo llegarán a la cima, los que en su empeño tengan fe”. 


Registro fotográfico

Compartimos por último una breve galería fotográfica con infografía adjunta:

Placa de entrada al Campamento Internacional “Julio Antonio Mella”. Julio Antonio Mella (1903-1929) fue un destacado periodista, atleta e infatigable luchador cubano. Fundó la Federación de Estudiantes Universitarios, como más tarde lo hizo con la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista, al tiempo que junto a otros, creó el primer Partido Comunista de Cuba. Más tarde, en el exilio, participó en la Liga Campesina Nacional de México, colaborando con la causa venezolana y la de Sandino en Nicaragua. Alguna vez señaló: “Mañana se podrá discutir, hoy solo es honrado luchar”.

El trabajo voluntario consistió en el corte de platanales. La brigada chilena obtendría mérito en su oficio.

El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) es una organización social constituida oficialmente el 30 de diciembre de 1960. Organiza, junto al Movimiento Mundial de Solidaridad con Cuba, las Brigadas Internacionales de Trabajo Voluntario que llegan a Cuba prácticamente desde todo el mundo y son acogidas en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella.
Durante la estancia en el CIJAM, el ICAP desarrolló una presentación artística con la participación de la escuela de arte de Caimito.

Las jornadas de voluntariado se desarrollaron en medio de las candidaturas para la novena Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) de Cuba, realizada finalmente el 11 de marzo de 2018. La ANPP es el Poder Legislativo de la República de Cuba, y en el mes de abril se encargarán por entre otros aspectos, de elegir un nuevo presidente para Cuba.

Banderas de Haití y Angola. La Operación Carlota es el nombre de la misión militar cubana en el marco de la lucha por la independencia angoleña, una de las tantas muestras de apoyo militar y solidaridad internacional de Cuba con los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo. 

Ejemplar del periódico Granma correspondiente al 12 de septiembre de 1973, un día después del Golpe de Estado en Chile. Granma es un periódico cubano fundado en 1965, perteneciente al Partido Comunista de Cuba. Su nombre proviene del yate que transportó desde México al Movimiento 26 de Julio a las costas cubanas en 1956, dando inicio así la Revolución Cubana.

Ejemplar del periódico Granma correspondiente al 12 de septiembre de 1973, un día después del Golpe de Estado en Chile. Durante el gobierno de la Unidad Popular, Fidel Castro visitó Chile. La visita ocurrió en 1971 y se extendió por tres semanas, en donde visitó Antofagasta, Santiago, Concepción y Puerto Montt entre otras ciudades, estableciéndose así las bases de cooperación mutua entre Chile y Cuba.

A diferencia de lo que suele creerse comúnmente, en Cuba se rememora los múltiples sacrificios individuales en aras de una sociedad nueva, tanto antes como después del período de la Guerra de Liberación Nacional (1956-1958). 

Tras su estadía en el CIJAM, la brigada fue recibida por una cooperativa agrícola, parte de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y que hace algunos meses había celebrado el  aniversario 60 del Congreso Campesino en Armas.

Durante las guerras por la independencia, Guisa fue escenario de la última gran batalla de la Guerra del 95, dirigida por el mayor general Calixto García Iñiguez, los días 28 y 29 de noviembre de 1897. Más de seis décadas después, Fidel Castro, al frente de varios pelotones de insurrectos, repite la hazaña en Guisa, marcando así el inicio el desplome de la tiranía batistiana.

Durante el paso por Bayamos, la brigada se encontró con algunos niños del círculo (hómologo a jardín infantil en Chile). Había alegría en la ciudad puesto que se había obtenido el campeonato de béisbol de primera división por segunda vez consecutiva, de la 57 versión de la serie nacional.

Durante la estancia en Caimito se desarrolló una maratón con la XXV Brigada Sudamericana.

Guajiro leyendo en su tiempo de colación. Fotografía tomada desde el bus en el que fue transportada la brigada. Guajiro es cómo comúnmente se denomina al campesino en Cuba, así como en otros lugares de las Antillas y el Caribe.

Comité de Defensa de la Revolución (CDR) conocido por la brigada durante su estancia en Cuba. Los CDR fueron fundados en 1960, en La Habana, encomendándoseles tareas tales como la vigilancia colectiva frente a la injerencia externa y los actos de desestabilización, trabajos de voluntariado como lo son el mantenimiento, aseo, manutención del campo o diversos trabajos agrícolas. “No se da de lo que sobra, sino que se entrega de lo poco que hay”, señalaron los jóvenes miembros del CDR visitado.

Dos jóvenes se transportan por las calles de La Habana. Llamó la atención como la juventud se desarrollaba en el deporte o los juegos por todas las partes de la isla, aún sin contar todos los medios para ello.

Monumento del Che en Santa Clara. La estatua del Che se hizo a partir de aportes voluntarios de bronce. Cuando llueve, algo no poco habitual en Cuba, ésta se recubre de óxido cuyo ácido baja a la tierra. El aspecto que luce es de una edad más avanzada que cuando murió, puesto que al crearse, así como hasta el día de hoy, el Che sigue vivo.

Base de la célebre estatua del Che ubicada en Santa Clara. En El Socialismo y el Hombre en Cuba (1965) el Che señala: “El trabajo voluntario es una escuela creadora de conciencia, es el esfuerzo realizado en la sociedad y para la sociedad como aporte individual y colectivo, y va formando esa alta conciencia que nos permite acelerar el proceso del tránsito hacia el comunismo.”

Entrada al ex Cuartel Moncada que todavía mantiene los impactos de bala durante el fallido asalto de 1953. Tras el inicio de la Revolución prácticamente la totalidad de los cuarteles militares del período batistiano pasaron a ser escuelas, como el propio Cuartel Moncada, hoy Ciudad Escolar 26 de Julio.

Guantes utilizados en el transcurso del voluntariado, los cuales fueron dejados por la brigada de voluntariado para que así siguiesen cumpliendo su función en la isla.

Entre las distintas pertenencias dejadas en Cuba, se encuentra una bandera del territorio mapuche, la que ahora permanece en el museo Salvador Allende. Al fondo se encuentran las inmediaciones en donde se alojó la brigada de voluntariado chilena.

Librería “Víctor Jara”, ubicada en Artemisa. Durante su estadía en Cuba la brigada de voluntariado tuvo la oportunidad de oír un programa de radio dedicado especialmente a Víctor. De origen campesino, Víctor Jara (1932-1973), fue un reconocido profesor y director de teatro, así como un prolífico compositor de marcado compromiso social, convirtiéndose en uno de los principales referentes de la música chilena en uno de los principales referentes del movimiento conocido como La Nueva Canción Chilena, en donde la tradición folclórica se nutrió de innovaciones musicales. Murió asesinado por el Ejército de Chile tras el golpe de Estado.

Por Ignacio Andrés
América Leatina desde Abajo

Notas

1. Ofrecen bienvenida a Brigada Suramericana de Solidaridad con Cuba. Recuperado de https://siempreconcuba.wordpress.com/2018/01/24/ofrecen-bienvenida-a-brigada-suramericana-de-solidaridad-con-cuba-2/

2. “La revolución de 1968 desde América Latina”, Raúl Zibechi. En prensa, Editorial Quimantú, Santiago de Chile, 2018.

3. “Con nuestros propios esfuerzos” puede ser descargado libremente aquí: http://cubamaterial.com/wp-content/uploads/2013/10/Con-Nuestros-Propios-Esfuerzos-reduced.pdf. Agradezco especialmente a mi amigo Patricio, sin quien no habría tenido acceso a dicha obra.

4. “De la guerra contra Somoza a la guerra contra Pinochet. La experiencia internacionalista revolucionaria en Nicaragua y la construcción de la Fuerza Militar Propia del Partido Comunista de Chile”, en Historia oral e historia política, LOM, Santiago de Chile, 2012, pp. 213-244.

5. El discurso pronunciado por Fidel Castro puede ser leído aquí: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1971/esp/f021271e.html

6. “Lección Seis. Inicios de la segunda independencia”. Presente en “Pensamiento de nuestra América. Autorreflexiones y propuestas” (2006). Disponible en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/campus/retamar/FRLec6.pdf

7. “El socialismo y el hombre en Cuba” (1965). Disponible en https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm

19 mar 2018

Reanimando controversias

Apuntes, citas y digresiones sobre ¿Qué (no) hacer?

Hace algunas semanas se nos encomendó realizar un resumen del libro ¿Qué (no) hacer? Apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios, de Miguel Mazzeo, con motivo de realizar un debate en torno a la vigencia de dicha obra en nuestros círculos, y de ser posible, estimularlo en otros.


A propósito de esta iniciativa

No ha pasado mucho tiempo de que vimos por última vez a Miguel. Esto fue durante agosto del año pasado, en este caso para la publicación de “José Carlos Mariátegui y el socialismo de Nuestra América”, en una edición mancomunada de Editorial Quimantú y Tiempo Robado Editoras, en donde pudimos generar un diálogo tanto en Santiago como en Valparaíso. Resultado de este último es el artículo “Autor de "J. C. Mariátegui y el socialismo de Nuestra América": La mejor figura que le cabe a Mariátegui es la de traductor”. Cabe señalar que la Editorial Quimantú reconoce a Miguel como un inestimable compañero de ruta, inclusive antes que un militante e intelectual popular.

¿Qué (no) hacer? fue publicado por primera vez en Argentina por primera vez durante el año 2005, por Editorial Antropofagia y luego reeditado el 2012 por Ediciones Anarres. En Chile fue publicado por Editorial Quimantú el 2016, siendo lanzado en la Escuela Pública Comunitaria, el Liceo Eduardo de la Jara, ubicado en Valparaíso, y por último en la Aula Magna de la Universidad Alberto Hurtado.

En sus ediciones argentinas, el libro está compuesto de nueve capítulos: 1) Crítica a la conciencia ingenua; 2) El elefante existe; 3) ¿Cambiar el Estado cambiando la sociedad?; 4) El socialismo en un solo barrio y el radicalismo pasivo; 5) la alternativa estatal-nacional; 6) Lenin en el suburbio; 7) Sobre máquinas iluministas y antidialécticas; 8) Pensar la herramienta política (estratégica) del campo popular; y por último, 9) Viejos debates, nuevos contextos. Se suma además un excursus, término que hace referencia a la digresión producida cuando alguien se aparta del hilo natural del tema que trata, para abordar de forma más extensa algo que ha surgido a partir del mismo, retomando por último el tema principal.

En su edición chilena, se realizan ciertos retoques y se corrigen fallas de las ediciones anteriores. Se agrega además una segunda parte, “Debates y polémicas”, en donde se encuentra material producido posteriormente a la primera publicación del libro. Se trata de los siguientes capítulos (no enumerados en la edición): 1) Náuseas y aparentes aporías. Sobre insurrecciones y elecciones; 2) El Frente Popular Darío Santillán y el Polo Obrero. En torno a algunas comparaciones del compañero Raúl Zibechi; 3) La izquierda que necesitamos para el país que queremos; 4) El fetichismo de la etapa; 5) La izquierda iterativa. Breves reflexiones sobre la estrategia expresiva de la izquierda —subdividido en Introducción: insumos para un debate, La izquierda pre-1968 y el “horizonte guevarista”, Metáforas, Demora de la teoría y Sobre artefactos y lenguajes—, y por último, 5) El poder popular como práctica de construcción del Socialismo Societal. Conversación con Miguel Mazzeo.

Para estos apuntes nos hemos servido de dos ediciones de que ¿Qué no hacer?, tanto la primera edición argentina que data del 2005, prologada por Manuel Suárez Avellaneda y liberada (disponible aquí), como la propia edición de Quimantú, prologada por Cindy Corrales Valencia, que data aproximadamente de marzo del 2016,  y que en un futuro próximo también será liberada. 

A propósito del autor, tomamos de prólogo de Suárez la apreciación de éste como un “valioso compañero que se ha inscrito en la senda de elaboradores de las preguntas necesarias, de los propulsores de las respuestas polémicas”. Por otro lado, en relación con la apuesta elucubrada en ¿Qué (no) hacer?, siguiendo a Corrales, podemos mencionar que el libro “es una herramienta más, con matrices de análisis que traspasan las fronteras, interpelándonos desde la praxis, convocandonos a re-mirar nuestro quehacer con la humildad y la autocrítica que amerita la tarea revolucionaria en el Chile neoliberal actual”, y de paso, aceptamos su imperativo, el de “ser capaces de forjar una izquierda contrahegemónica y prefigurativa, es decir, que anticipe aquí y ahora, en cada territorio de lucha y resistencia, nuestra manera creativa de afrontar los desafíos, sin repetir fórmulas ni copiando experiencias pasadas, capaz de forjar un proyecto/propuesto integral, coherente, viable, responsable, comprometido, entre otros epítetos; pero por sobre todas las cosas, que ponga en evidencia que la revolución no es un proyecto futuro, ni que es responsabilidad exclusiva de un grupo de iluminados/as, sino que se realiza cotidianamente y la hacemos entre todos y todas”. Las negritas son nuestras.

El resumen de ¿Qué (no) hacer? que expondremos a continuación, antes de dar con la esencia o siquiera consumar una síntesis del mismo, seguirá ciertas líneas temáticas trazadas en los distintos capítulos, seleccionadas a partir de su estrecha relación con el desarrollo de nuestras propias condiciones. 

Anunciamos de antemano que haremos una revisión reductiva, fragmentaria y esquemática de la obra. Esperamos al menos mantener el carácter provocativo en ésta, el mismo con el que ha entintado su obra Miguel. Es por ello que hemos evitado realizar un juicio crítico en torno a las tesis esbozadas. Esperamos que toda conclusión sea realizada por las propias organizaciones que puedan valerse de este material, acorde a sus coyunturas y potencialidades. 

Por último, puesto que prácticamente la totalidad de las numerosas citas fueron extraídas del libro y pertenecen sólo a Miguel, hemos considerado innecesario poner su página en el libro, evitando así extender (todavía más) este material de modo innecesario.

Portada de ¿Qué no hacer? en su edición chilena, a cargo de Editorial Quimantú. 

Apuntes de “¿Qué (no) hacer?”

El primer inciso de la obra es Crítica a la conciencia ingenua, en donde se aborda el imaginario de la teoría revolucionaria. Tanto sus lagunas de antaño, muchas de las cuales siguen a la orden del día, como también las más recientes, que suelen estar signadas por la incoherencia, como lo son los casos de Negri, Hardt o Holloway, cuyos planteamientos suelen ser tan novedosos como abstraídos de las situaciones concretas de la organización popular. En definitiva, aquellas “donde la praxis se vuelve antipraxis” al decir de Miguel.

En El elefante existe, se trata lo concerniente al Estado. La emancipación, concibe Miguel, requiere “de la lucha por el poder del Estado, contra el poder del Estado y en el Estado. De hecho: luchar contra el poder del Estado, es luchar por el poder del Estado, aunque no se sepa o se lo niegue”, enfatiza. Además, sostiene que existe que “existe una tendencia a asociar mecánicamente la autonomía, la horizontalidad y las formas de democracia directa con la desinstitucionalización, cuando en realidad, la experiencia demuestra que las primeras no precisamente conducen a la segunda”. 

En ¿Cambiar el Estado cambiando la sociedad?, es cuando se vuelven más explicitas las consideraciones en torno a la apuesta de Lenin. Se referencia así a sus «dos momentos». Un Lenin de Las tesis de abril y El Estado y la Revolución, cuyos lineamientos de debilitamiento gradual del Estado y potenciamiento de la iniciativa popular pasan a ser reemplazados por un Lenin que considera la necesidad de una autoridad centralizada, manejada por la vanguardia y en donde las referencias a la Comuna de París se vuelven cada vez más ausentes.

A partir de esta experiencia, Miguel sostiene que “es evidente que un Estado sitiado tenderá a fortalecerse, lo que contradice el proceso de debilitamiento. Esto plantea el problema de los tiempos. Una revolución social es a largo plazo (pero sólo a largo plazo) una revolución contra el Estado”.

Pero los itinerarios fallidos no nos pueden llevar a negar la necesidad de las vías revolucionarias, pues en El Socialismo en un solo barrio y radicalismo pasivo, se nos recuerda que no “no se puede jugar a las escondidas con el capital”. Esto a propósito de aquel “autonomismo extremo, en pos de la preservación de una supuesta pureza, [que] se desentiende de las luchas libradas por organizaciones de la izquierda tradicional o de otros espacios del campo popular, cuando no las repudia directamente; suele ser más intransigente con otras experiencias del campo popular que con el verdadero enemigo (que se le desdibuja).

La alternativa estatal-nacional, el siguiente cable a tierra de Miguel, nos recuerda que “aún no estamos en un mundo en el cual la única confrontación posible sea la abierta y global entre las fuerzas del capital  las fuerzas anticapitalistas”. Para el autor, aún “es posible la construcción de un sincretismo entre nación y comunidad, es decir, lo nacional como una dimensión que anida exclusivamente”.

En Lenin en el suburbio, Miguel nuevamente contrapone a Lenin. En este caso, el “leninismo «jacobino-blanquista», el de ¿Qué hacer?, sostenido en la lógica de la representación política”, en donde todavía se amparan concepciones en las que “el socialismo y la conciencia de clase [parten] de premisas diferentes”, o dicho en otro términos, en las que se funda la “concepción del «partido de cuadros» (exigente membresía, profesionalismo), del partido como factor subjetivo y el tema jacobino-blanquista de las minorías actuantes (conspiración), decodificados como recetario revolucionario práctico y seductor, sintetizado en la fórmula: aprender a identificar situaciones revolucionarias y prepararse para aprovecharlas”, frente a un “leninismo «de base» en Las Tesis de abril, complementado por un leninismo «libertario» en El Estado y la Revolución, sostenido en la lógica de la participación y producto de un «giro dialéctico» posterior a la crisis de la Segunda Internacional”, en donde según Miguel “aflora un pensamiento más centrado en la construcción del socialismo que en el momento de la rebelión” y “el partido no era más importante que las instancias de poder popular que aparecían como el embrión del poder revolucionario”.

A esto se suma que, el segundo Lenin, “más allá de reconocer las diferencias entre marxistas y anarquistas en torno a la cuestión del Estado, fundamentalmente la oposición entre la propuesta de extinción y la de abolición, entre la centralización y el federalismo, [destacaba] las coincidencias entre el marxismo y el anarquismo, entre Marx y Proudhon”, de modo tal que en El Estado y la Revolución, señala: «Marx coincide con Proudhon en que ambos abogan por la ‘destrucción’ de la máquina moderna del Estado. Esta coincidencia del marxismo con el anarquismo (tanto con el de Proudhon como con el de Bakunin) no quieren verla ni los oportunistas ni los kautskianos […]».

Sobre máquinas iluministas y antidialécticas trata las concepciones y prácticas que admiten “al proletariado como objeto y no como fuente de la dialéctica, que separa la revolución de la clase que puede concretarla”. Tal elitismo se explica debido a que “cuando el trabajador piensa, deja de serlo y se convierte en intelectual”. Se trata del socialismo concebido unilateralmente, en la medida de los avances industriales y científicos, legitimado según si alcanzaba o no las metas proyectadas, en donde el partido no era sino “el ingeniero en jefe de un ejército de ingenieros”, o dicho en otros términos, “la fuerza dinámica” conductora de la “fuerza de inercia”, es decir de las masas.

A pesar de que los constantes fracasos aleccionaron a los partidos de izquierda tradicional, permitiéndoles reconocer la valiosa experiencia de los movimientos populares contemporáneo, no menos cierto es que se lo han hecho destacando “lo que consideran «grandes limitaciones», principalmente la falta de (y el lugar donde se coloca énfasis varía) conducción, dirección o estrategia política”.

Miguel establece que mientras éstos se mantengan “desactualizados como herramientas de emancipación”, seguirán intentando “atrapar océanos enteros en insignificantes botellas”, insertándose superficialmente en el pueblo, mostrándose incapaces de desarraigar las lógicas políticas y relacionales tradicionales (como el patronazgo y el clientelismo, por ejemplo)”.

Pero la necesidad de no “reemplazar la actividad del pueblo y sus organizaciones”, nos lleva, precisa Mazzeo, a Pensar la herramienta política (estratégica) del campo popular, pues “las nuevas condiciones exigen formas originales de intervención política que den cuenta de la diversidad y del carácter plural de los nuevos sujetos (de la clase)”. Por ello “se torna necesario repensar la relación entre el movimiento «espontáneo» y la «conciencia revolucionaria»”.

En Viejos debates, nuevos contextos, hallamos alcances respecto a múltiples experiencias orgánicas entre las que encontramos la Primera Internacional, la “Oposición de izquierda”, las fábricas de Turín, la “Comuna de Múnich”, Cataluña, así como también otras locales, como lo son el caso de los anarquistas antiorganizadores, el peronismo, el Sindicato de Trabajadores de ConCord (Sitrac) y eñ Sindicato de Trabajadores de MaterFer (Sitram) en Córdoba, o el propio movimiento piquetero, en cuyas filas alguna vez estuvo Miguel. Experiencias que, en términos generales, “tuvieron la virtud de exceder los límites impuestos por la ortodoxia «revolucionaria» de sus tiempos respectivos y mostraron que un vínculo más elevado entre teoría y práctica era posible”. El ensayo de unidad entre  los fines y los medios no ha concluido, nos lo demuestran los casos anteriores, al tiempo que, nos corroboran que la capacidad agotadora de los pueblos está lejos de dar muestras de agotamiento. 

En Excursus se realiza una selección enumerada de polémicas que abundan a lo largo de toda la obra. Haremos una revisión escueta de las mismas:

En primer lugar, el Estado, donde Miguel cuestiona el estatalismo clásico de la izquierda pero, “desde un lugar distinto que no niega al Estado”, por sobre el “antiestalismo que no quiere ir más allá de las situaciones, el antiestalismo que ante el temor a que el «exceso» conduzca al «leninismo» y a la anulación de la democracia”, el mismo que “alienta la parálisis y termina prisionero de las lógicas del neoliberalismo”.

En segundo lugar, las categorías de lo objetivo y lo subjetivo. Para Miguel, “existe cierta tendencia a considerar los factores objetivos y subjetivos como términos absolutos. Desde esta perspectiva, cualquier fenómeno de conciencia se liga a la subjetividad y cualquier fenómeno del plano estructural se liga a lo objetivo”. De este modo, se corren dos riesgos: “1) se pueden asumir posturas deterministas y derivar mecánicamente consecuencias ideológicas de cambios materiales y 2) se pueden asumir posturas voluntaristas reduciendo la realidad a los estados del sujeto”.

En tercer lugar, la condición de lo utópico, con el doblez que para el autor ésta nos ofrece. Por un lado la utopía como refugio, delirio, redención,  y en definitiva, como antipraxis. Por otro, como un horizonte que no sólo estima la creativa la creatividad popular, sino que valora sus orgánicas afines a la cotidianeidad, que se acoge a “situaciones cambiantes y no a conceptos rígidos”, al convertir este mundo (y no otros), en “el objeto único de nuestro deseo”. Es aquí donde la utopía se vuelve “ese trayecto de un anclaje a otro que lo supera.”

En cuarto lugar, los espacios de disputa, en este caso, los “espacios fijos”, en donde la crítica radical de la representación se traduce en autorreferencialidad y la “autonomía se termina confundiendo con el autismo”. A nuestro decir, el “ombliguismo”. Se reincorporan en escena viajes prácticas similares a las del “sindicalismo puro” que no conducen sino al fraccionamiento.

En quinto lugar, la herramienta política, las que al decir del autor, “deben estar subordinada en cuanto a su tarea histórica”, en tanto “las organizaciones populares que pujan por instituir un orden reproductivo social alternativo conforman el poder «material»”. Esto, “a diferencia de lo que ocurría y ocurre con los partidos tradicionales de la izquierda (parlamentaristas por vocación o en los hechos, aunque algunos piensen el cambio desde lógicas insurreccionales), donde las decisiones en materia de táctica le adjudican a las masas un papel secundario y la dirección efectiva recae en los «políticos» o en los «cuadros», personalidades individuales o castas”.

En sexto lugar, la vía autonómica, la que desplegándose a través del fervor abolicionista, o través de ciertas organizaciones «autónomas» que consideran que su sola multiplicación contribuirá al término del sistema, sólo mantienen el culto a las formas puras, ignorando además, a juicio del autor, que la “fuerza social de los trabajadores y del pueblo no se afinca en el reduccionismo de sus intereses particulares, sino, por el contrario, en su capacidad articulatoria y en sus facultades para atravesar el territorio de la cultura y la política”.

En séptimo y último lugar, se aborda la estrategia. Para Miguel “nuestro objetivo principal no debería consistir en tomar el poder estatal, sino en superar la postura defensiva del trabajo respecto al capital, pero ¿cómo lograrlo sin neutralizar el poder de mando del capital? La creación de ´órganos de poder por parte de las clases subalternas no «descompone» automáticamente al Estado. Entonces, hay que construir desde abajo, desde adentro y desde la raíz misma del sistema del capital. La transición implica una dinámica de disputa permanente de dos lógicas: la del capital y la de su antagonista”.  

Debido a que “puede resultar necesario incursionar en terrenos impropios” lo aquí determinante es “concebir y decidir en el terreno propio y ejecutar en el ajeno con instrumentos no hipostasiados”, pues “lo que determina en última instancia la calidad de la resolución de la cuestión del poder (y seguramente el desarrollo de la experiencia a posteriori) es el carácter de las construcciones previas”.

En Chile fue ¿Qué no hacer? fue publicado por Editorial Quimantú el 2016, lanzándose en la Escuela Pública Comunitaria, el Liceo Eduardo de la Jara, ubicado en Valparaíso, y por último en la Aula Magna de la Universidad Alberto Hurtado. Diseño a cargo de Editorial Quimantú.

Apuntes de “Debates y polémicas”

Náuseas y aparentes aporías. Sobre insurrecciones y elecciones, publicado en el segundo semestre del 2003, desarrolla consideraciones críticas y autocríticas del proceso de movilización comprendido entre los acontecimientos del 2001 y el 2003, en donde la elección de Néstor Kirchner expresó trágicamente que aún no existía una constitución del pueblo como “verdadero sujeto histórico activo y autónomo con características unitaria”, por sobre la “ilusión de pueblo” generada a partir del 19 y 20 de diciembre del 2001. Para Miguel, la energía liberada en estos días no supo ser reconvertida, a partir de lo cual, si bien debemos considerar que “la praxis revolucionara puede y debe contemplar la ocupación de espacios políticos creados por el sistema, lo que la define como revolucionaria es la creación de espacios nuevos y alternativos”. “La proliferación de estos espacios hará que nuestras incursiones políticas (con herramientas y proyectos propios) revistan carácter táctico y estén menos expuestas al riesgo de la cooptación y la desnaturalización”, sostiene.

En El Frente Popular Darío Santillán y el Polo Obrero, publicado a mediados del 2006, se afronta la polémica sobrellevada con Raúl Zibechi, a partir de algunas comparaciones de éste entre el Frente Popular Darío Santillán y el Polo Obrero, cuando Miguel todavía se encontraba en las filas del primero, y en defensa por tanto, de los militantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados, quienes habían asumido el “riesgo de lo performativo, de la contradicción, de lo impuro” al crear dicho Frente.

En La izquierda que necesitamos para el país que queremos, publicado en el 2011, le son propuestas a ésta ciertas líneas por recorrer, de modo que no sea una izquierda que “promueva instituciones y prácticas simétricas a las del capital”, “que desconfíe de los caminos sin trampas y que adquiera plena conciencia de que las derrotas o las victorias fraudulentas pueden ocurrir tanto en el “arriba” como en el “abajo”, aventurándose a “las construcciones prefigurativas, cotidianas, muchas veces leves y difusas”. Para Miguel éstas últimas son estratégicas en tanto “concretan en el presente “desigual y combinado” una porción del futuro de justicia, igualdad y autodeterminación bajo las formas de una sociedad paralela”, permitiéndole a las clases subalternas “ir por más”, y porque, “si evitan caer en el culto del aislamiento” poseerán “una formidable capacidad de articularse con distintas formas de resistencia y lucha”.

El fetichismo de la etapa, publicado el 2012, surge a partir de la expresa petición a Miguel, por parte de jóvenes militantes populares, de escribir “sobre la etapa”. Éste, consciente del contrasentido de hacerlo a la manera habitual, aborda la caracterización de la etapa desde una crítica al concepto, en contra de “la etapa como fórmula artificiosa que trata al proceso histórico como si fuera un proceso orgánico”, “plantilla”, o “como una presentación desdramatizada, presuntamente “científica” y “racional” de la impotencia política, el conformismo, la monotonía o el pensamiento histórico”, y en definitiva, “como ficción cultural que atenta contra el pensamiento emancipador”. Lo anterior justifica la desunión “tal como ocurrió hace algunas décadas, entre lo militar y lo político; más recientemente, entre lo sindical y/o lo territorial, o simplemente lo “social” y lo político”.

Para Miguel, “las secuencias lineales, impuestas por una concepción eurocéntrica del tiempo, no son las más aptas para pensar-transformar las realidades de Nuestra América porque tienden a ocultarnos las huellas más visibles. La construcción de poder popular exige pensar-actuar en términos de simultaneidad”.

Podríamos decir que La izquierda iterativa. Breves reflexiones sobre la estrategia expresiva de la izquierda, escrita en el 2014, es la respuesta a una reseña de ¿Qué (no) hacer? publicada en el sexto número de la revista Hic Rhodus. Crisis capitalista, polémica y controversias el mismo año, en donde Miguel aprovecha de exhibir a una izquierda tan inmadura como reacia a la realidad, incapaz de asumir las circunstancias y por tanto, de transgredirla. Una izquierda en la que se puede visibilizar la tendencia de “escindir lo racional de lo sensible”, que está blindada de nociones tales como el “socialismo como sistema mono-cultural compulsivo y totalizante” que el Che tanto cuestionó en el discurso de Argel de 1965, y que también sigue “aferrada a lo que Inmanuel Wallerstein denominaba la “estrategia de los dos pasos”: primero se obtiene el poder y luego se transforma el mundo”.

Por último, El poder popular como práctica de construcción del Socialismo Societal, corresponde a una entrevista realizada a Miguel durante el 2014, sobre su experiencia militante en el Frente Popular Darío Santillán. 

Aquí se parte del hecho de que para Miguel, “la reflexión sobre el poder popular es inagotable”. Esto se debe a que la concepción del poder popular es constantemente enriquecida por la lucha de los pueblos y sus situaciones de desarrollo concreto. A propósito de su participación en el Frente Popular Darío Santillán, Miguel no duda en reconocer: “A veces pienso que todos y todas fuimos espontáneamente luxemburguistas. Rosa Luxemburgo estaba presente en nuestras formulaciones tendientes a trascender la dicotomía reforma-revolución, estaba presente cuando asignábamos un peso determinante a la experiencia popular en el proceso de formación de conciencia revolucionaria, cuando nos negábamos a escindir medios de fines, cuando apostábamos al protagonismo de las bases, cuando desconfiábamos del centralismo democrático y cuando pensábamos en términos de contra-hegemonía y democracia socialista”. 

Además, señala que hubo en dicho Frente una generación militante que quiso “saldar cuentas con la izquierda dogmática, con la izquierda unidimensional, pero también con otras tradiciones políticas, como el nacionalismo revolucionario o el peronismo de izquierda”. Había pues, una “necesidad de delimitar un campo identitario”, conformándose así un “pensamiento de la izquierda independiente, en debate con viejas culturas políticas pero sin dejar de asumir algunas herencias”.

Sostiene además que “la cuestión electoral fue la que planteó más inconvenientes”, puesto que “el juego electoral obliga, de cierta manera, a seguir ciertas reglas y eso sí genero muchas contradicciones en el espacio de la izquierda independiente”. “Una crisis que en realidad respondía a otros motivos más de fondo como la pérdida de arraigo territorial, la falta de desarrollo en el campo sindical y la pérdida de presencia en el movimiento estudiantil, etc.” 

Desde el punto de vista de Miguel, “de cara a un proyecto emancipatorio, la tensión principal se da entre la reinvención de la política y el fetichismo del poder. El poder popular es un concepto emparentado con la reinvención de la política emancipatoria, no tiene absolutamente nada que ver con el fetichismo del poder”.


Por Ignacio Andrés
América Leatina desde Abajo